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V Congreso Internacional, Pobreza, Migración y Desarrollo
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, del 5 al 7 de abril de 2017
Universidad Autónoma de Chiapas
Cambiando del plano legal y ubicándonos más en el de la educación de la sociedad mexicana
nos damos cuenta de una terrible realidad, en México el promedio de educación es de 9.1 años
(INEGI, 2015), lo equivale a concluir la secundaria, si nos ponemos a pensar en las
capacidades de un niño de secundaria para involucrarse en la vida pública de su país creo que
es más que evidente el porqué no tenemos una gran participación en todo el país; la situación
anterior se refleja en la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas
(ENCUP, 2012), donde el 84.28% de los encuestados respondieron que la política les resultaba
cuando menos algo complicada, al mismo tiempo el 52.94% afirmó que la influencia de los
ciudadanos en la política era poca o nula.
Si analizamos la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT, 2014), nos percatamos que
a la semana solo existen 62 horas promedio distinto al trabajo para realizar otras actividades,
lo anterior significa que por día existen 8.8 horas para dedicar al hogar, al esparcimiento, al
óseo y a la participación ciudadana. Es muy probable que las personas dediquen más tiempo al
hogar, el esparcimiento y al óseo que a cumplir su rol de ciudadanos; si a lo anterior sumamos
que la percepción del tiempo de la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo
culturales (ENHPCC, 2010), el 42% de las personas consideran que casi nunca tienen tiempo
libre y que cuando lo llegan a tener lo más común por hacer durante el mismo es descansar y
ver la televisión.
Si a lo anterior sumamos los elementos físicos que impiden la interacción entre gobernantes y
gobernados, como lo son la ubicación de las oficinas gubernamentales que muchas veces se
encuentran fuera de los principales centro de la población, los limitados horarios de atención
que muchas veces coinciden con la hora laboral de la mayoría de los ciudadanos entre otros
nos damos cuenta de que es muy difícil ser un ciudadano.
No podemos hablar de limitaciones, sin mencionar el sistema económico neoliberal, y no es un
afán de culpar a la economía e inversión privada de todo, el cual a través de sus políticas y
lógicas mercantiles ha cambiado en gran medida el patrón de trabajo y consumo del mundo
provocando una gran cantidad de fenómenos negativos para el desarrollo de la ciudadanía, no
obstante, solo nos interesa mencionar dos de ellos. El primero tiene que ver con la necesidad
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