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V Congreso Internacional, Pobreza, Migración y Desarrollo
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, del 5 al 7 de abril de 2017
Universidad Autónoma de Chiapas
La diferencia entre los comercios establecidos y las unidades instaladas en los lugares centrales en días
específicos radica en el tipo de producto que ofertan cada uno de ellos. Los primeros, dadas las
condiciones de formalidad del mismo negocio, ofertan ―más caras, más refinadas o mercancías más
especializadas‖ (Malinowsky y De la Fuente, 2005, p. 70) que no podrían encontrarse en las otras
unidades comerciales; mientras que en las segundas, el tipo de productos ofertados son más sencillos y
de fácil movilidad y a precios más competentes, características principales para la atracción de
compradores que se ven en la necesidad de trasladarse al punto central (Malinowsky y De la Fuente,
2005). Sin embargo, la elección del qué y dónde comprar no es asunto meramente económico, en
términos de cantidad de ingresos disponible, sino es una cuestión social y psicológica, muchas veces
aprendida o generada por la misma sociedad.
El consumo en los lugares centrales: generación de “necesidades”
De acuerdo con lo establecido por Bauman (2007), en términos de consumo, las unidades comerciales
dentro de la Teoría de Lugares Centrales (TLC) adquieren una especial atención, pues ellas son las
encargadas de movilizar la dinámica en la región y al mismo tiempo polarizan o amplían la jerarquía
del mismo polo central. Las unidades comerciales regionales funcionan a nivel central, pues alrededor
del factor locacional se presentan flujos de intercambio y accesibilidad de personas (vendedores y
compradores). Estos establecimientos están dados en función de la población, o del denominado
umbral de población, planteado por Christaller, pues de no existir una cantidad suficiente de personas
que demanden un bien o servicio, dichas unidades no tendrían razón de ser (Garrocho, Álvarez-Lobato
y Chávez, 2012). Por el contrario, la aglomeración de este tipo de centros ofertantes de productos
puede incluso ser de dos tipos: constantes o periódicos (como sucede con las unidades comerciales de
tipo irregular, que se localizan en torno al lugar y fecha de pago de algunos programas
gubernamentales).
La actividad comercial puede y es vista como mecanismo para adquirir productos de los que no se
disponen de manera inmediata, implicando un movimiento regular para la adquisición de bienes y/o
servicios. En el mercado (conjunto de unidades comerciales) es donde se constituye un punto de
reunión de distintas comunidades cuyo propósito primordial es el intercambio de bienes mediante la
compra, donde el uso del dinero es imprescindible para el actual sistema distributivo dentro del
complejo mercado (Polanyi, 1976).
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